Patternland

Por qué tus medidas importan más que tu talla

Una talla M sabe bastante poco sobre ti. Tus medidas nos cuentan mucho más.

 

Durante años hemos comprado ropa siguiendo prácticamente el mismo orden. Primero existe la prenda, después existen sus tallas y al final aparecemos nosotros intentando descubrir cuál de ellas se parece más a nuestro cuerpo.

A veces funciona a la primera. Otras empieza una negociación bastante conocida. Esta me queda bien aquí, pero mal allá. La siguiente arregla una cosa y estropea otra. Volvemos a la anterior, probamos otra y terminamos pensando: “Este vestido no es para mi cuerpo.”

En Patternland queremos mirar esa situación desde otro lugar. Quizá el problema no sea tu cuerpo. Quizá simplemente estás intentando encajar en una prenda cuyas proporciones fueron decididas antes de que tú aparecieras.

Durante años, primero fue la ropa

 

Cuando llegas a una tienda, la historia de esa prenda empezó mucho antes que tú. Alguien la diseñó, decidió sus proporciones, definió unas tallas, la fabricó y después llegó el momento de encontrar personas que encajaran razonablemente dentro de esas opciones.

Por eso las tallas existen. Son una manera práctica de agrupar millones de cuerpos diferentes cuando necesitas producir una prenda antes de saber quién va a llevarla.

S, M, L, 40, 41, 42. Funcionan como aproximaciones. Y ahí está precisamente la palabra importante: aproximaciones.

Una talla puede darte una referencia. Pero no puede contar toda la historia de un cuerpo.

Una talla es una aproximación

Una M tiene una responsabilidad bastante grande para ser solo una letra: resumir cuerpos que no se parecen demasiado entre sí.

Dos personas pueden comprar habitualmente una M y no parecerse prácticamente en ninguna de sus medidas. Una puede ser más alta, otra más baja, una tener más pecho, otra más cadera. Pueden tener cinturas diferentes, largos diferentes y proporciones completamente distintas.

Las dos dicen: “Uso una M.” Pero para crear una prenda pensando realmente en ellas todavía sabemos bastante poco.

Y no queremos solucionar esto inventando doscientas nuevas tallas para clasificarnos con más precisión. Sería seguir haciendo lo mismo, solo que con más etiquetas.

Patternland intenta algo más sencillo: conocerte mejor. Porque una talla nos dice aproximadamente dónde podrías encajar. Tus medidas nos permiten saber mucho más sobre la persona concreta que va a llevar la prenda.

Una talla te clasifica. Tus medidas te describen.

El mismo vestido. Siete personas completamente diferentes.

Esta es probablemente la manera más fácil de entenderlo. Imagina siete mujeres. Una mide 1,55, otra 1,78, una tiene más pecho, otra menos. Sus cinturas son distintas, sus caderas también y sus proporciones no se parecen demasiado.

Si entraran juntas en una tienda, seguramente ni siquiera irían hacia el probador con la misma talla en la mano. Pero tienen algo en común: a las siete les encanta exactamente el mismo vestido.

Y entonces aparece una pregunta bastante sencilla. ¿Por qué deberíamos empezar por aquello que las diferencia para decidir cuál de ellas puede llevarlo?

El diseño puede ser el mismo. Las personas no tienen por qué serlo. No necesitamos decir que existen siete tipos de mujer. Existen siete mujeres. Cada una con su cuerpo, sus proporciones, sus medidas y su manera de llevar exactamente el mismo diseño.

La moda puede proponer una silueta, un volumen, un color, una estética. Puede conseguir que siete personas completamente diferentes miren la misma creación y piensen: “Ese.”

Lo que no debería hacer es decidir cuál de esos cuerpos puede permitirse llevarla.

El diseño puede ser el mismo. La persona siempre será única.

Y ahí empiezan a importar las medidas.

Hemos cambiado el punto de partida

Patternland trabaja bajo demanda. Y eso nos permite cambiar el orden habitual. No necesitamos fabricar primero una prenda en diferentes tallas y esperar después a encontrar cuerpos suficientemente compatibles con ellas.

Aquí ocurre otra cosa. Primero apareces tú, ves un diseño, te gusta y lo eliges. “Quiero ese.”

Y entonces empezamos a conocer la información que necesitamos sobre la persona que realmente va a llevarlo. Ahí entran tus medidas. No para decidir si puedes ponerte ese diseño.

Eso ya lo has decidido tú. Las necesitamos para poder empezar a trabajar sobre tu elección pensando en ti.

Antes estaba la prenda y después llegaba el cuerpo. Patternland quiere hacerlo al revés.

Primero estás tú. Después empieza tu prenda.

La moda empieza con tus medidas

Por eso tus medidas son importantes. No porque queramos sustituir una talla por una clasificación todavía más complicada, ni porque pensemos que una M, una 40 o una 46 no sirven para nada. Sirven como referencia, pero pueden contarnos solo una parte de la historia.

Y si tenemos la posibilidad de conocer mejor a la persona para la que estamos creando una prenda, preferimos no quedarnos únicamente con una letra.

En Patternland la pregunta no es: “¿En cuál de nuestras tallas conseguimos encajarte?” La pregunta empieza antes: “¿Quién va a llevar esta prenda?”

Porque aquí no queremos que tú seas quien tenga que adaptarse a un estándar creado de antemano. Aquí tú eres el estándar.

Y por eso: la moda empieza con tus medidas.

Scroll al inicio