Patternland

Lo increíble de Patternland

Hay una parte de Patternland que no siempre se ve. Y probablemente sea la más importante.

Te gusta un vestido, lo eliges y probablemente estés pensando en una cosa bastante lógica: ponértelo. Hasta ahí, todo normal.

Pero mientras tú estás imaginando con qué zapatos lo llevarías o si ese color te quedará tan bien como esperas, alrededor de ese vestido pueden estar pasando muchas más cosas. Porque Patternland no es solamente lo que ves en la pantalla.

Debajo hay diseñadores, patronistas, confeccionistas, tecnología, conocimiento, trabajo y personas que pueden estar a cientos o miles de kilómetros unas de otras. Y una sola prenda puede conseguir que todas esas piezas se pongan en movimiento.

Eso es probablemente una de las cosas más increíbles de Patternland.

Todo lo que puede poner en movimiento una sola prenda

Vamos a seguir con ese vestido. Alguien lo imaginó. Quizá ese creador lleva años diseñando, tiene una pequeña marca, vende sus patrones a una comunidad o quizá tiene muchísimo talento y, simplemente, todavía no lo conoce demasiada gente.

Publica su propuesta en Patternland, tú la descubres, te gusta y la eliges. De repente, una creación que quizá nació a cientos de kilómetros de ti acaba de encontrar a la persona que quiere llevarla. Y ese trabajo genera valor para quien lo creó.

Después entras tú de verdad en la historia: tus elecciones, tus medidas y la forma en la que quieres hacer tuya esa propuesta. Porque ese vestido no estaba fabricado esperando en un almacén a que apareciera alguien que coincidiera razonablemente con una talla. Empieza a existir porque tú has decidido que lo quieres.

Y todavía falta alguien fundamental: la persona que lo confecciona. Ese pedido se convierte también en trabajo para una profesional de la red Patternland. Una profesional que pone su experiencia, su precisión y sus manos al servicio de esa prenda. Y si hace un gran trabajo, su reputación crece. Quizá la próxima clienta la elija precisamente por eso.

Así que sí. Tú has comprado un vestido. Pero alrededor de ese vestido también puede haber ocurrido esto: un creador ha conseguido que su trabajo llegue más lejos, una profesional ha recibido un nuevo encargo, una reputación ha empezado a crecer y varias personas han participado del valor generado por una prenda que solo empezó a producirse porque tú la elegiste.

De repente, parece algo más que un vestido.

Que tu código postal no decida cuánto vale tu talento

El talento tiene una costumbre bastante poco práctica: aparece donde le da la gana. En una gran ciudad, en un pequeño pueblo, en Madrid, en Bogotá, en Dakar o en un lugar que probablemente nunca aparecerá en una lista de “capitales de la moda”. Y eso no debería importar demasiado.

Una persona puede ser extraordinariamente buena diseñando, creando patrones o confeccionando y, sin embargo, tener muy pocas oportunidades simplemente porque vive lejos de donde tradicionalmente se concentran los clientes, las empresas o la industria.

Patternland quiere ayudar a reducir esa distancia. Un creador puede desarrollar su trabajo desde cualquier lugar y hacer que personas mucho más lejos descubran sus propuestas. Una confeccionista puede trabajar desde su propio taller y empezar a ser elegida por personas que hasta ayer ni siquiera sabían que existía.

Porque Internet lleva años permitiéndonos descubrir personas en cualquier parte del mundo. Lo interesante es conseguir que ese descubrimiento pueda convertirse también en trabajo, ingresos y oportunidades reales.

No queremos que la primera pregunta sea “¿Dónde vives?”. Nos interesa bastante más otra: “¿Qué sabes hacer?” Porque el lugar donde estás debería ayudarnos a encontrarte, no decidir hasta dónde puedes llegar.

Tu código postal debería decirnos dónde encontrarte, no cuánto vale tu talento.

Una buena idea no debería necesitar una gran estructura detrás

Crear una buena propuesta es una cosa. Conseguir llevarla al mercado es otra bastante distinta. Tradicionalmente, para que un diseño termine convertido en una prenda que alguien pueda comprar, hacen falta muchas cosas alrededor: producción, talleres, materiales, una marca, comunicación, una tienda, clientes, logística, dinero y, normalmente, bastante paciencia.

En resumen: tener una buena idea muchas veces no ha sido suficiente.

Patternland quiere separar parte de esas barreras. 

Un creador que ya cuenta con una propuesta profesionalmente desarrollada puede incorporarla a la plataforma y encontrar una nueva forma de hacer que llegue a más personas. No hace falta construir una gran estructura alrededor de cada diseño para descubrir si alguien quiere llevarlo.

Patternland conecta las piezas necesarias para que una propuesta pueda recorrer todo el camino. Y cada vez que alguien la elige, ese trabajo vuelve a generar valor. Eso puede abrir oportunidades a personas que quizá nunca podrían asumir la inversión necesaria para montar toda una empresa de moda alrededor de sus creaciones.

Porque una buena idea no debería necesitar una fábrica, una enorme inversión ni una estructura gigantesca para demostrar que merece existir. A veces solo necesita una oportunidad para ser descubierta.

 
 
 

Coser muy bien también puede convertirse en un nombre

Hay otra parte de la moda que durante mucho tiempo ha sido bastante invisible: la persona que la confecciona. Y aquí hay algo curioso: coser muy bien y ser conocida por coser muy bien son dos cosas completamente diferentes.

Puedes llevar veinte años haciendo prendas impecables, conocer los tejidos, dominar los acabados, resolver problemas que para otra persona parecerían imposibles y, aun así, que tu reputación apenas haya salido de tu barrio, tu ciudad o tu grupo de clientas habituales.

Patternland quiere que ese conocimiento pueda viajar un poco más lejos. Una profesional de la confección puede formar parte de la red, mostrar su experiencia, sus especialidades y construir una reputación a partir de su trabajo.

Cada encargo cuenta, cada clienta satisfecha cuenta y cada valoración cuenta. Y si una profesional trabaja realmente bien, queremos que eso pueda traducirse en algo bastante sencillo: que más personas quieran volver a elegirla.

Puede empezar aceptando unos pocos encargos, después alguno más y, con el tiempo, quizá convertirse en una de esas profesionales que una clienta busca expresamente porque ya conoce su trabajo.

Porque saber confeccionar extraordinariamente bien también puede convertirse en un nombre, una reputación y una oportunidad.

Una máquina de coser puede ser mucho más que una máquina de coser

Hasta aquí hemos hablado de personas que ya tienen talento o experiencia. Pero hay otra posibilidad que nos importa mucho: personas que podrían tener una profesión delante y todavía no han tenido la oportunidad de aprenderla o ejercerla.

Una máquina de coser es una herramienta, eso está claro. Pero en las manos adecuadas también puede convertirse en una manera de trabajar, generar ingresos y ganar independencia.

Una de las cosas que queremos desarrollar alrededor de Patternland es precisamente conectar formación y oportunidad. Queremos colaborar con escuelas, asociaciones y organizaciones capaces de formar a personas que tengan dificultades para acceder al mercado laboral, especialmente mujeres en situaciones donde aprender un oficio pueda abrir nuevas posibilidades.

Pero enseñar a coser no es suficiente. Porque aprender un oficio y después no tener dónde ejercerlo deja la historia a medias. La idea es ir un paso más allá: que aquellas personas que completen su formación, alcancen el nivel profesional necesario y cumplan los estándares de Patternland puedan tener también una posible puerta de entrada a nuestra red profesional.

Imagina ocho máquinas de coser en una pequeña comunidad de Senegal. Formación, práctica, acompañamiento, personas aprendiendo un oficio y después, cuando estén preparadas, una posibilidad real de ponerlo en práctica.

Porque aprender algo puede abrir una puerta. Tener dónde ejercerlo puede cambiarlo todo.

Quizá una máquina de coser no cambie el mundo. Pero puede ayudar a cambiar el mundo de la persona que se sienta delante de ella.

Y todo esto alrededor de una prenda

Volvamos al vestido del principio. El que simplemente te gustó. Ese que viste en la pantalla y pensaste: “Ese.”

Quizá nunca conozcas toda la historia que existe detrás. Pero puede haber empezado en la cabeza de una persona muy lejos de ti, puede haber generado ingresos para quien lo creó, puede haber dado trabajo a una confeccionista, puede haber ayudado a esa profesional a construir reputación y puede formar parte de una red que, poco a poco, conecta talento con oportunidades en lugares muy diferentes.

Todo eso sin producir primero una montaña de prendas esperando comprador. La prenda empieza porque alguien la quiere. Y a partir de ahí muchas personas pueden hacer lo que mejor saben hacer: diseñar, desarrollar, confeccionar, crear y trabajar.

Esto también es Patternland

Quizá llegaste a Patternland por un vestido. Nos parece una razón estupenda. Quizá te quedaste porque descubriste que aquí la ropa puede empezar por tus medidas. También nos parece bastante bien.

Pero detrás de todo eso queremos construir algo más: una red donde el talento pueda ser descubierto, donde una buena idea encuentre personas que quieran llevarla, donde saber confeccionar bien pueda convertirse en una reputación, donde alguien pueda aprender un oficio y, algún día, encontrar también una oportunidad para ejercerlo, y donde el lugar en el que has nacido o el código postal desde el que trabajas tenga cada vez menos peso sobre hasta dónde puede llegar aquello que sabes hacer.

Porque detrás de cada diseño y de cada prenda hay personas. Y queremos que esas personas también puedan crecer con Patternland.

Esto también es Patternland.

Scroll al inicio